Parece que nos hemos acostumbrado a que últimamente las noticias relacionadas con el dopaje en el ciclismo llenen periódicos y espacios televisivos de forma habitual. Escándalos, investigaciones, suspensiones, equipos implicados y un periodismo que parece estar cada vez más interesado en poner a prueba la imagen personal y pública de ciclistas y entrenadores.
No son pocos los profesionales del ciclismo que se han quejado del acoso periodístico sufrido cada vez que una noticia de este tipo salta a los medios de comunicación. Por una parte es lógico comprender a los periodistas deportivos que únicamente cumplen con la sana obligación de informar. El principal problema para muchos ciclistas es cuando este hecho traspasa los espacios deportivos de los informativos y la prensa especializada y salta a convertirse en noticia de actualidad, es decir será publicada en medios de información general e incluso en la prensa rosa. Una vez los medios se han hecho eco de la noticia está pasará a boca de la sociedad lo que implica el juicio realizado por la sociedad que, en muchas ocasiones puede convertirse en el más duro.
En la otra parte se encuentra el ciclista, los entrenadores y las personas que puedan estar implicadas en el escándalo. Es lógico pensar que si han engañado o falseado pruebas sean juzgados por la sociedad y, claro está, por los órganos judiciales pertinentes pero ¿qué sucede cuando los medios corren la voz de una noticia de este tipo y posteriormente se demuestra que es falsa? Esto se ha dado en varias ocasiones y sus consecuencias son muy graves puesto que ensuciar la imagen pública de un deportista es muy fácil, pero aunque se demuestre que los hechos y acusaciones son falsas recuperar una buena imagen pública se convierte en la mayoría de las ocasiones en una tarea prácticamente imposible.

